El arte no tiene límites. Yo si.

Viajé a Nueva York en agosto para recibir el premio del TCD (Type Directors Club) el cual se entregaría en el Cooper Union. Ese día estuve en el MOMA toda la mañana y parte de la tarde. Debo decir que no tenía planeado pasar tanto tiempo en los museos pero no pude resistir a tanta seducción. Por primera vez vi la obra del artista brasileño Hélio Oiticica en el nuevo edificio del Whitney que queda al final del hermoso camino peatonal que una vez fuera metro aéreo (El High Line) Videos en pantallas gigantes e instalaciones de arena y agua conectaron mi cuerpo y alma. También pasé un día entero en el Cooper Hewitt, dónde disfruté la mejor experiencia digital de todo mi viaje. El Metropolitan me deleitó con la retrospectiva del fotógrafo Irvin Penn; monocromo, flores y moda nos unieron para siempre en una íntima relación. Conocí The Morgan Library; un pequeño y bellísimo museo (la identidad la hizo Pentagram) que guarda piezas antiguas de joyería, escultura y cerámica. Calder. Manhattan. Turner. Fifth Avenue. Rauschenberg. La metrocard. Siempre me ha llamado la atención el arte y claro... los artistas. Ir a Nueva York es encontrarme con mi alma gemela.



Irving Penn. 


MOMA

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